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lunes, 18 de abril de 2016

JUCA FERREIRA: ES UN GOLPE DE ESTADO CON APARIENCIA DE LEGALIDAD (Brasil)

Juca Ferreira, ministro de Cultura de Brasil: “El impeachment es un golpe de estado con apariencia de legalidad”. El lunes pasado, la comisión parlamentaria que investiga supuestas adulteraciones en las cuentas públicas cometidas por la Presidenta Dilma Rousseff, recomendó iniciar su proceso de destitución. La crisis, que se ha agravado por denuncias de corrupción en todos los partidos políticos, además de la profunda contracción que vive la economía, amenaza con convertirse en un grave problema institucional. Desde el gobierno, han dicho que la oposición y los medios de comunicación buscan darle legitimidad a un golpe de Estado. En las últimas semanas, miles de brasileños han salido a manifestar su rechazo a la acusación. “Los artistas, los intelectuales, los productores, los indígenas, y todos los representantes sociales de Brasil están movilizados contra el golpe”, dice Ferreira. La cultura apoya a Dilma, afirma con convicción.

Lo primero que Juca Ferreira, sociólogo de 67 años, dice del otro lado del teléfono, es que le tiene mucho cariño a Chile. Su vínculo con nuestro país es antiguo. En 1971, luego de haber sido presidente de la Unión de Estudiantes Secundarios de Brasil, en plena dictadura, llegó como exiliado a Santiago. El actual ministro de Cultura de Brasil y militante del Partido de los Trabajadores (PT), vivió durante casi dos años en el paradero 14 de Vicuña Mackenna, en La Florida, y luego se mudó a Suecia y posteriormente a Francia. Ferreira cuenta que la dictadura fue una de las peores etapas de su vida. Aquellos recuerdos han vuelto a su cabeza en los últimos meses, ahora que Brasil vive un inestable escenario político, económico y social: crisis económica, el escándalo de Petrobras, políticos acusados de corrupción, medios de comunicación que piden la renuncia de la Presidenta Dilma Rousseff, marchas multitudinarias que llaman a destituirla, contramanifestaciones que la defienden, y un parlamento que en las próximas semanas debe decidir si la mandataria cometió irresponsabilidad fiscal, bajo el argumento de que habría adulterado las cuentas públicas. Esto último, que ha sido utilizado por la oposición para llevar a cabo el impeachment contra Rousseff, es quizás lo que más preocupa a Ferreira. El ministro dice tener sospechas fundadas de que en Brasil la democracia está al borde de un colapso. Uno distinto a todos los que ha vivido el continente en las últimas décadas.  

¿Se le quiere dar un golpe de estado a Dilma? 

 Los golpes en América Latina no son más golpes militares, son golpes jurídicos, golpes con apariencias de legal, pero en verdad son interrupciones del proceso democrático. Hay dos escenarios. El primero es que el impeachment de la presidenta pase. Si eso ocurre, Brasil va a entrar en un período de inestabilidad y durante mucho tiempo vamos a vivir un conflicto incontrolable, porque en este momento una parte considerable de la ciudadanía está movilizada en contra del golpe. La otra posibilidad es que el golpe no sea victorioso y la presidenta se mantenga en el cargo. El secretario general de la OEA dijo hace algunos días que él no creía que hubiese antecedentes suficientes para acusar a la Presidenta.  

¿A eso se refiere usted con un “golpe legal”? 

El impeachment existe en nuestra Constitución, pero para que eso se dé hay ciertas condiciones, como que el presidente tenga alguna responsabilidad de crimen en la administración, y eso acá no existe. La presidenta Dilma es una persona honesta y el impeachment es un golpe de estado con apariencia de legalidad. En las primeras manifestaciones en contra del gobierno habían fotos de personas pidiendo el apoyo de los militares. Eso es muy pequeño, es la extrema derecha. Son un grupo que no tiene mayor importancia, porque todavía la memoria del período de la dictadura está viva en América Latina.  

¿Quiénes entonces están detrás de este golpe que se quiere dar? 

Brasil no es una isla, somos parte de América Latina, que está sufriendo una ofensiva conservadora contra todos los gobiernos populares y democráticos. Esto es parte de una rearticulación de la derecha continental, coludida con la derecha norteamericana, que buscan desestabilizar el continente. Segundo, Brasil es un país importante, entonces los intereses de la economía acá son globales. Esto está apoyado por los sectores del capital financiero, los terratenientes, parte importante de los industriales, la elite de Brasil, y la mayoría de los medios de comunicación, que son conservadores, que apoyaron el golpe de 1964 y que ahora están haciendo lo mismo. En estos momentos, una parte grande de la clase media está siendo manipulada para acusar a Dilma y al PT como los responsables de la crisis económica y la corrupción, pero el pueblo está reaccionando contra esto. Los movimientos sociales, campesinos, trabajadores, intelectuales, artistas, han convocado a grandes movilizaciones. A pesar de la propaganda masificada, hay mucha gente manifestándose contra el golpe.  

¿Qué tan divididos están los brasileños? 

 Desde hace mucho tiempo que la sociedad brasileña no estaba tan interesada en la política como ahora. Las calles están permanentemente llenas de gente manifestándose por la democracia y el Estado de derecho. La derecha también ha tenido la capacidad de movilizar a una parte de la clase media y a una opinión pública despolitizada que acepta las manipulaciones de los medios. Estamos viviendo un momento de enfrentamiento de las clases y grupos sociales en contra y en favor de la democracia.  

¿Cómo ha reaccionado el mundo de la cultura frente a esta tentativa de golpe? 

 Los artistas, los intelectuales, los productores, los indígenas, y todos los representantes sociales de Brasil están movilizados contra el golpe. El lunes pasado tuvimos una manifestación multitudinaria en Río de Janeiro, con la consigna: ‘Cultura por la democracia’. De allí va a salir el fortalecimiento de la cohesión social de Brasil. Se está produciendo de forma espontánea un gran frente amplio por la democracia, sin que en este participen los partidos políticos.  

¿Ha habido algún sesgo machista en esta discusión? 

 En un semanario salió una tapa como si Dilma estuviera viviendo una crisis histérica, que es una imagen muy peyorativa de las mujeres, y la fotografía que pusieron era una donde ella salía celebrando un gol en la Copa del Mundo. Los medios han utilizado el machismo y la discriminación hacia la Presidenta, sin embargo, las mujeres acá han hecho grandes manifestaciones en favor de la democracia y en contra de la discriminación. 

 LA CORRUPCIÓN  

¿Cómo es que Brasil llegó a esta crisis? 

Tenemos una confluencia de tres crisis. Primero, la económica. Fuimos de los países más beneficiados del desarrollo de China, por la demanda de commodities minerales y agrícolas que tiene Brasil, pero la caída de los precios nos hizo entrar en un problema económico bastante grande. Segundo, la crisis política. El expresidente Lula da Silva fue electo y luego reelecto, y su gobierno trajo muchas conquistas para toda la población, pero principalmente para los pobres. Luego vino el primer mandato de Dilma y después su reelección. En ese momento, el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), el principal opositor, comenzó a conspirar contra el gobierno. Querían expulsar al PT de la escena política y criminalizar a Lula, que parecía como un posible candidato para las elecciones de 2018. Eso creó un ambiente de inestabilidad semejante al que tiene Venezuela. Y la tercera crisis, es que efectivamente hay un nivel de corrupción muy grande en la política brasileña. Hay una complicidad de los medios y la oposición para aprovecharse de la corrupción y caracterizarla como si ésta fuera sólo un problema del gobierno, cuando en verdad la corrupción y la promiscuidad entre el área empresarial y la política vienen desde la dictadura.  

¿Cómo se llegó a estos niveles de corrupción? 

La corrupción es histórica en Brasil. Desde que llegaron los portugueses con Pedro Álvares Cabral, siempre hemos tenido problemas graves con este tema y nunca dimos un combate serio: hay corrupción en la sociedad, en el cotidiano social, y en todas las instituciones. Este problema hay que tratarlo de forma sistémica, pero lamentablemente la corrupción está siendo utilizada como un instrumento político para debilitar al gobierno. El juez Sergio Moro, que comanda la operación ‘Lava Jato’, no tiene interés en los políticos de la oposición que están involucrados, sino que sólo está concentrado en probar que los del PT son los verdaderos corruptos de Brasil. No hay, tampoco, interés en la oposición de hacer una gran reforma política para disminuir la posibilidad de corrupción y la supresión de los aportes de la estructura empresarial a los parlamentarios. Ahí empieza la promiscuidad que crea todo este territorio de facilitación de la corrupción.  

¿Hay una persecución del juez Moro en contra de Lula? 

 Está cada día más claro que esto se trata de una persecución. Él tiene una militancia contra el PT y no le importa mucho aparecer muy próximo a la oposición. Es un juez que está utilizando la estructura del ministerio público para hacer política partidaria.  

¿Se ha montado un espectáculo mediático? 

El golpe militar utiliza la fuerza, pero el golpe legal necesita de la sustentación mediática, y acá los medios son conservadores de derecha. Ellos están haciendo el trabajo sucio de manipular la opinión pública para que el golpe tenga la apariencia de legalidad.  

¿El nombramiento de Lula como ministro de la Presidencia tensionó la relación con el poder judicial? 

Lula tiene derecho a ser ministro, él no es reo de ningún proceso. El juez Moro ha seguido acciones sobre posibles beneficios que pueda haber tenido después de salir del gobierno, pero no hay ningún proceso contra él. Entonces, no hay ilegalidad en su nombramiento. Lula es muy importante para reorganizar el gobierno, porque la presidenta Dilma está necesitando a los mejores cuadros políticos de la izquierda para salir de la crisis. En Chile pasa algo muy similar con los aportes ilegales que recibió parte de la izquierda chilena de algunos empresarios. ¿Qué autocrítica tiene que hacer la izquierda latinoamericana con relación a los casos de corrupción? Es una autocrítica profunda. No hay posibilidad de un partido democrático popular si muchos militantes están viviendo en la promiscuidad de la corrupción. Los partidos de izquierda en Brasil han adoptado la metodología de la derecha, que siempre ha ocupado la corrupción para el enriquecimiento y para la reproducción política.  

¿La izquierda está en un proceso de retroceso? 

No, es un ciclo político. El ciclo político que marcó a América Latina en los últimos 20 años está superado y es necesario construir uno nuevo de acá para adelante. Hay que fortalecer la democracia en nuestros países, superar el problema de la corrupción, fortalecer la participación política, impulsar un desarrollo económico que nos saque de la dependencia y profundizar la sustentabilidad de nuestro continente. La crisis económica que vivimos actualmente es producto de que América Latina es prácticamente dependiente de commodities, y por eso es necesario diversificar nuestras economías, salir de la dependencia de la fabricación y producción de materias primas y entrar en las economías con valor agregado, impulsar la economía creativa. América Latina tiene que dejar de ser un territorio marcado por la colonización. 

 Por Jorge Rojas TCCH 

 Fuente: Agencias Prensa PM RMP PI TCCH AIP 
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