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domingo, 27 de noviembre de 2016

FIDEL CASTRO: EL BOLIVAR DEL SIGLO XX, EL MANDELA DE AMÉRICA LATINA

Nadie comprendió de una manera más amplia y estructural el vínculo entre todas las luchas que se daban en el mundo, desde mediados del siglo XX, contra el poder imperial. Actuó en consecuencia y se convirtió en un brillante articulador de todas ellas.

A esta hora, al amanecer súbito de la noche en que ha muerto Fidel Castro, imagino a los canales de televisión haciendo la larga lista de supuestas atrocidades indeseables para Chile y atribuibles al líder cubano. Es perfectamente comprensible. Son los mismos que invisibilizan la huelga de Homecenter Sodimac, los que acusan a los estudiantes de ser violentistas, los que acosan a los dirigentes de No + AFP. Es irrefutable, sin embargo y si se cambia de profundidad, que no hubo en el siglo XX otro dirigente -en el Mundo- que contribuyera más a las luchas contra el colonialismo y el imperialismo. 

Es temprano para apreciar en su justa dimensión la importancia histórica de la decisión de Fidel Castro de enfrentar desde Cuba a Estados Unidos. Y de implicarse en las luchas independistas de África. Es entonces pertinente, por muchas razones, referirse a Fidel Castro como el Simón Bolívar del siglo XX. Y como el Nelson Mandela de América Latina. Respecto a nuestro continente, hay que seguir la hebra. Cuando le preguntaron en el juicio por el asalto al Cuartel Moncada quién había sido el autor intelectual del ataque, contestó: José Martí. Y el poeta cubano, décadas antes, había jurado ante la tumba de Simón Bolívar continuar con la independencia de América. 

Como sintetizaba el profesor cubano Roberto Gómez Montano, “de José Martí a Fidel Castro se desarrolla una línea de pensamiento revolucionario en la que el antiimperialismo constituye un componente esencial. Un antiimperialismo marcado por la comprensión del peligro representado por el apetito expansionista norteamericano para Cuba y América desde finales del siglo XIX, que se extendería una vez llegado el XX a otros confines del mundo”. 

Este pensamiento era germinal en los jóvenes revolucionarios cubanos antes de alcanzar el poder. Ya en mayo de 1958 le escribía Fidel Castro a Celia Sánchez, desde la Sierra Maestra: “cuando esta guerra se acabe, empezará para mí una guerra mucho más larga y grande: la guerra que voy a echar contra ellos (Estados Unidos). Me doy cuenta que ése va a ser mi destino verdadero”. Del antiimperialismo al internacionalismo había solo un paso. Para esto Fidel se nutrió, nuevamente, de Martí, para quien la liberación de Cuba y la emancipación de América Latina de Estados Unidos eran la misma cosa. 

Su visión, surgida del último país en independizarse de España, se sustentaba en la lucha contra el colonialismo, la creencia en la unidad latinoamericana, el antimperialismo respecto a Estados Unidos y una concepción según la cual Cuba y Puerto Rico debían jugar un rol clave en aislar al Tío Sam del resto del continente. Esta idea fue sintetizada por otra poeta, Lola Rodríguez, y musicalizada décadas después por Pablo Milanés: “Cuba y Puerto Rico son de un pájaro las dos alas”. Internacionalismo que era tal, también, al otro lado del océano. En países como Sudáfrica, el Congo, Namibia y Angola, entre otros, Fidel Castro es considerado un auténtico libertador, junto a los héroes patrios. 

Tal reconocimiento se debe al envío de decenas de miles de soldados cubanos en momentos clave de las luchas independentistas o contra el racismo de esas naciones, durante la década del 70. En un discurso de diciembre de 1975, Castro afirmaba en referencia a las potencias occidentales que “ellos están acostumbrados a pensar que cuando un país hace algo es porque está buscando petróleo, o cobre, o diamante, o algún recurso natural ¡No! Nosotros no perseguimos ningún interés material, y es lógico que los imperialistas no lo entiendan, porque se guían por criterios exclusivamente chovinistas, nacionalistas, egoístas. 

Estamos cumpliendo un elemental deber internacionalista cuando ayudamos al pueblo de Angola.” Por este apoyo decidido, Nelson Mandela consideró al líder cubano como uno de los grandes amigos de Sudáfrica. Adherentes ambos al ideario antiimperialista, Madiba le distinguió como invitado especial a su asunción como presidente y, ante el reclamo del presidente de Estados Unidos, George Bush padre, le envió a éste una carta diciéndole: “Señor Presidente, parece que usted ignora la historia del África, Fidel Castro ha sido fundamental en la conquista de la libertad de muchos pueblos africanos, entre ellos Sudáfrica”. 

En un video donde se exhibe el cariño y la unidad de propósitos entre estos dos líderes, el historiador Peter Bourne afirma que “Fidel está vinculado a la era post-colonial como la figura que simboliza la independencia y soberanía de las naciones pequeñas sacudiendo el yugo de las potencias imperiales. Y el haberlo hecho tanto tiempo magnificó su papel como fuerza global desde su pequeña isla”. Mandela, tan admirado por la prensa oficial, y Fidel Castro, tan vilipendiado, se consideraban mutuamente compañeros que estaban en exactamente la misma lucha. 

Algo no cuadra entonces, en aquellos enfoques. Frente a estos argumentos de peso, ya se expanden las dos principales críticas que se le hacen a Fidel Castro: la ausencia de democracia en Cuba y la violación de los derechos humanos. Habrá que irse con cuidado sobre ambos puntos. Si por democracia se entiende una forma de gobierno del Estado donde el poder es ejercido por el pueblo, mediante mecanismos legítimos de participación en la toma de decisiones políticas ¿Tenemos democracia en Chile? ¿En Argentina? ¿En España? ¿En Francia? 

Son preguntas especialmente pertinentes en tiempos donde el capital transforma a los políticos en meras expresiones de su voluntad y en donde, es cierto, votamos, pero vaciados de poder. Respecto al otro punto, en un país como Chile, donde los derechos humanos son todos aquellos -y solo aquellos- que no interfieren en el poder económico, habrá que apuntar la importancia de las conquistas sociales de la Revolución y la gran cantidad de derechos humanos que son violados diariamente en Chile, pero no en Cuba. Así también debió inclinarse Barack Obama durante su histórica visita a ese país. 

Ante la afirmación del presidente de Estados Unidos de que ambos países tienen “diferencias muy serias” sobre la materia, Raúl Castro preguntó cuántos países del mundo respetan todos los derechos humanos y puso el acceso universal y gratuito a la salud y a la educación de calidad como dos ejemplos de derechos humanos plenamente respetados por su país. Difícil rebatir cuándo preguntó cuántos gobiernos en el mundo podían decir lo mismo, luego de lo cual sentenció que en Cuba “defendemos los derechos humanos. 

Consideramos que los derechos humanos son indivisibles, interdependientes y universales. No concebimos que un gobierno no defienda o garantice el derecho a la salud, la educación, la seguridad social, a alimentación y el desarrollo, el salario igual por trabajo igual y los derechos de los niños”, añadió. “Condenadme, no importa, la Historia me Absolverá”, dijo Fidel Castro durante el juicio por el asalto al Cuartel Moncada, en 1953. Ha llegado el momento del veredicto. 

 Por Patricio López  DUCH

Fuente: Agencias  Prensa   PM  DUCH  RMP  PL  AIP
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