Hace algunos años un Presidente de la República me acusó de ser un soñador. Le agradecí porque lo soy, y lamenté que él hubiera perdido sus sueños, olvidándose de las causas que dice haber abrazado en su juventud. Nunca debemos perder nuestros sueños. Por nuestra parte seguimos soñando con un Chile más justo y más democrático pero no nos quedaremos ahí. Nuestros sueños van haciendo la huella por la que transitan nuestras acciones. Estamos en eso, trabajando para que así sea.
Y a un año de nuevas elecciones presidenciales nada indica que el inmovilismo del gobierno se modifique en alguna dirección que le dé sustentabilidad a su programa anunciado en la campaña presidencial anterior. El gobierno ciudadano prometido se fue esfumando poco a poco, hasta llegar a tener en La Moneda, rodeando a la presidenta, a lo más representativo de la clase política tradicional, alejada completamente de la ciudadanía que supuestamente sería el centro de la gestión gubernamental.
Lamentablemente el gobierno se ha ido cerrando en un continuismo similar al de los anteriores gobiernos de la Concertación. La máquina concertacionista, más preocupada de la administración del poder y su cuoteo, le deja a la Presidenta poca capacidad de cambio. Y aunque la Presidenta no lo reconozca públicamente, las pésimas decisiones tomadas en el gobierno de Lagos han sido una carga difícil de llevar, siendo el Transantiago la mochila más pesada, pero de ninguna manera la única.
Chile requiere un cambio profundo. Ni la Concertación ni menos la Derecha serán capaces de resolver los grandes problemas y desafíos que nos depara el futuro. Solo la izquierda y el aporte de aquellos que nunca han militado pero que sueñan como nosotros con un mundo diverso, participativo, sin cadenas en el pensamiento, pueden hoy darle a nuestro país un gobierno que permita dejar atrás una política económica, social y cultural que no ha funcionado para las mayorías, entre otras cosas porque ha impedido la participación organizada y el aporte creativo de las nuevas generaciones.
Hoy, después de tres años de haber ganado Michelle Bachelet, vemos que a pesar de algunos pocos avances logrados, sigue existiendo una gigantesca deuda social y un desequilibrio entre los ingresos y beneficios de unos pocos y la situación de las grandes mayorías. Sigue siendo éste un país en el que los más necesitados y la clase media sufren los embates de la inequidad social.
A pesar de la reforma previsional, sigue vigente un escandaloso sistema de pensiones, que ha generado millonarias pérdidas para los trabajadores. Pérdidas producidas por las AFP y su irresponsable gestión especulativa, que les ha permitido a estas administradoras embolsarse gigantescas utilidades mientras hacen desaparecer los ahorros de años de los esforzados trabajadores chilenos. Sumando a lo anterior, desde que se desencadenó la crisis financiera, se acrecienta la precariedad del empleo y esto sucede en un país en el que los trabajadores no han logrado ni siquiera disfrutar del supuesto éxito económico anterior y que en el futuro deberán asumir la crisis económica en el mejor de los casos con sueldos congelados, si es que no pasan a formar parte de las cifras crecientes de ciudadanos a los que les espera la cesantía.
Nos hablaron durante años de modernidad. Pues bien, no es moderno un país en el que millones de familias viven en la incertidumbre, un país en el que la buena calidad en salud y en educación sigue siendo privilegio de unos pocos. No es moderno un país en el que se regalan los recursos naturales, el agua, la energía, el cobre, los bosques, a grandes multinacionales en vez de aprovecharlos para el bienestar de nuestra gente.
En ese sentido los Humanistas junto a los Comunistas y a la Izquierda Cristiana; junto al MAS y Alejandro Navarro, junto a la Nueva Izquierda y junto a muchos otros, estamos en condiciones de avanzar con resolución y entusiasmo. Conformaremos un equipo que comenzará a trabajar en el programa de gobierno, recogiendo el trabajo que los diferentes partidos y organizaciones han venido efectuando por separado.
Es un compromiso de todos nosotros levantar una candidatura presidencial única de toda la izquierda chilena. Habrá que definir el mecanismo: puede ser por acuerdo, consenso, convención o primarias. Lo importante es que el mecanismo sea consensuado, que sea transparente, democrático, unitario. Todos apoyaremos al candidato que represente a nuestro sector, que levante nuestro programa de gobierno.
Tenemos que avanzar y ampliar, incluyendo a todos los que están con la intención de construir un proyecto distinto y alternativo a la Concertación y a la Derecha. No son tiempos para preguntar "de donde se viene”, sino que concordar en el “hacia donde queremos ir”.
Juntos Podemos Más, en conjunción con las otras fuerzas políticas y sociales de la izquierda, tiene la misión de conducir un proceso que ya comenzó en las municipales del 2004, que avanzó en las parlamentarias y presidenciales del 2005, y que puede ser la gran referencia que el país necesita en las elecciones del próximo año.
Tomás HirschAgencias Prensa LTB AIP JPMM
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